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jueves, 26 de mayo de 2011

Retrato

Richard Bergh: Retrato de la pintora Eva Bonnier (1889)

El pintor sueco Richard Bergh era un buen observador psicológico y tuvo gran éxito como retratista. Si he elegido retratos de gente leyendo, ¿en éste qué ocurre? El título dice que es el retrato de la pintora sueca Eva Bonnier, pero lo he seleccionado en primer lugar porque un pintor también es un lector, en tanto que observa la realidad para plasmarla en el lienzo, nos da su visión del mundo por medio de imágenes en lugar de textos como los escritores, y además porque sobre el sillón en que se apoya la pintora, además de lo que parece ser una labor de punto hay un libro boca abajo. La luz penetra precisamente por ese lado, también detrás hay un periódico doblado.
Bergh estuvo influenciado por el paisajismo y el naturalismo francés a raíz de un viaje que realizó a Paris. Eva Bonnier vivía allí y era amiga del matrimonio Bergh. Aparentemente la pintora está relajada, pero la mano derecha que sujeta un pincel y una paleta que apenas se vislumbra por la oscuridad del cuadro en ese lado, hablan de tensión, ya que la mano parece una garra. Serían las dos facetas de un personaje que al parecer era fuerte e independiente.
Un lado aparentemente amable, cierta sonrisa, y otro lado más oscuro, difícil de penetrar.
Este retrato se mostró en la Exposición Universal de Paris de 1900. Con él, Bergh se adelanta a la pintura ambiental nórdica de la década de los 90.
La tela del sillón está pintada con trazos fuertes, pinceladas que yo me atrevería a calificar de impresionistas, lo mismo que el suelo y el libro.

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