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domingo, 10 de enero de 2010

Quijotes Infantiles

Hace ya unos cuantos años, tuve la suerte de que mi madre me regalara un Quijote Infantil. Era el suyo, un pequeño Quijote con el que iba al Colegio. Es una edición escolar de F.T.D.(actual Edelvives), de 1932. Cada capítulo se inica con el Sentido del capítulo y Tono o dicción, para decir cómo había que leerlo en voz alta, que era como hacían en clase. Tiene algunas ilustraciones en blanco y negro y al final del capítulo las Prácticas de Prosodia, Análisis Gramatical, Ortografía y Redacción.
Aquel libro me hizo sonreír, ya que por aquel entonces ya andaba yo por los caminos de la Literatura Infantil haciendo Guías de Lectura para algunas editoriales. Aquello que nos parecía tan moderno, tenía un precedente que acababa de descubrir.
A raíz de aquel regalo empecé a interesarme por las versiones infantiles de nuestro clásico y comencé a coleccionarlos.
En este momento tengo 68 Quijotes infantiles en diferentes idiomas, en ediciones desde 1860 hasta hoy.
Amsterdam, , -ca.1880-: Adaptación de Sancho en la Ínsula Barataria, .

La edición de este libro la llevó a cabo en castellano, la editorial Brosquil de Valencia en el año 2005, en pequeño formato.
Otras ediciones

Cada libro habla por sí mismo. No es un mero transmisor de palabras, ni siquiera únicamente de historias, es algo más. Es un objeto que corresponde a un lugar y a una época. Los libros hablan de los editores y de los compradores, del sentido estético y del nivel cultural de un país, incluso del poder adquisitivo de los compradores.
Comparando ediciones podemos llegar a muchas conclusiones, relacionadas con estos elementos que acabo de citar. El libro como objeto, define sin duda, una época.





Edición de Saturnino Calleja, Madrid 1901, edición ilustrada con dibujos de M.Ángel




Primera edición adaptada para niños publicada en EEUU, Nueva York 1909. Los autores son ingleses y existe la misma edición londinense de 1900. Es un libro encuadernado en tela con 11 láminas grabadas en madera en colores, el título de los capítulos ilustrado y 19 ilustraciones más en blanco y negro.






Magnífica edición francesa realizada en Tours en 1930, con 16 láminas en color e ilustraciones igualmente originales en blanco y negro

sábado, 9 de enero de 2010

Los niños y la lectura

La lectura forma parte de la vida; es emoción, placer y conocimiento. Es una ventana abierta al mundo que desarrolla el espíritu crítico y configura individual y socialmente al individuo. Leyendo se aprende a pensar, por tanto se desarrolla de forma clara, la personalidad. El lector recrea la obra que lee y así crea un mundo interior único que suele ser a corto, medio y largo plazo, enriquecedor para sí mismo y para los demás.

Como respuesta al planteamiento sobre cómo hacer que un niño sea lector, se encuentran fórmulas o respuestas parciales, pero no existe una varita mágica que resuelva este enigma en el que influyen diversos factores, siendo los más importantes el familiar, el escolar y el social.

Si se logra que el niño experimente en primera persona que leer es divertido, ya se habrá dado un primer paso en la aproximación a la afición por la lectura. No puede perderse nunca de vista que en el niño existe algo dominante, el juego, que es una actividad libre con poder de evasión. Los niños creen en el poder de la imaginación. Cuando juegan lo hacen con toda el alma, de ahí que sea importante despertar en el niño el placer que pueda proporcionarle la lectura de la forma más lúdica posible y con carácter extraescolar.

Se trata de conseguir que un niño lea por placer, no por obligación.

El juego está limitado por el espacio y el tiempo y tiene posibilidad de repetición. Estas características son igualmente aplicables a la lectura y hay que ayudarle a descubrirlas.

Otra cuestión es que dos de las fórmulas de aprendizaje de los niños son la imitación y la repetición. Un niño que ve leer a sus padres, quiere leer también, aunque no es tampoco algo tan fácil, ya que puede haber un niño que lea aunque los mayores no lo hagan y viceversa. Roald Dahl describe magistralmente la situación del niño lector en un ambiente hostil en una de sus más famosas novelas, Matilda, escrita en 1988 y llevada al cine por Danny DeVitto en Estados Unidos en 1996.

“Al cumplir los tres años, Matilda ya había aprendido a leer sola, valiéndose de los periódicos y revistas que había en su casa. A los cuatro leía de corrido y empezó, de forma natural, a desear tener libros. El único que había en aquel ilustrado hogar era uno titulado Cocina fácil, que pertenecía a su madre. Una vez que lo hubo leído de cabo a rabo y se aprendió de memoria todas las recetas, decidió que quería algo más interesante.

-Papá –dijo-, ¿no podrías comprarme algún libro?

-¿Un libro? –preguntó él. ¿Para qué quieres un maldito libro?

-Para leer, papá.

-¿Qué demonios tiene de malo la televisión? ¡Hemos comprado un precioso televisor de doce pulgadas y ahora vienes pidiendo un libro? Te estás echando a perder, hija....

...La tarde del día en que su padre se negó a comprarle un libro, Matilda salió sola y se dirigió a la biblioteca pública del pueblo.”

(Roald Dahl: Matilda, Ed. Alfaguara, Madrid, 1989).

El deseo de leer es la consecuencia de la curiosidad, del deseo de aprender y de conocer el mundo, pero sólo se desea y se ama aquello que se conoce, luego es necesario que desde pequeños, los niños vean libros, los toquen, los manoseen e incluso estropeen alguno, para aprender a cuidarlos. Este proceso manipulativo es el primer paso para despertar la afición por la lectura.



EL PROCESO DE LEER

Leer es un proceso largo, apasionante, irremplazable...

Participar del gusto por la lectura es como hacerlo por la música, por el deporte o por la pintura. Leer es descubrir una de las mil posibilidades que existen para llenar el tiempo de ocio. Los niños aprenden desde pequeños todo lo que se les quiera enseñar. Para despertar la afición por la lectura ¡hay que ponerse a leer! Y ¡cuánto antes mejor!

Lo primero que necesitamos para leer es disponer de un espacio y un tiempo de tranquilidad, de silencio e intimidad. En la creación de un espacio que propicie la lectura, los padres y profesores, se juegan mucho, no sólo que un niño sea lector, sino también que aprenda a dialogar, a descansar, a estudiar, en definitiva, que sepa estar solo tanto como acompañado. Es necesario que se entretenga sin que todo el mundo tenga que estar pendiente de él, hasta caer en el agotamiento, es decir, con este aprendizaje previo, se evitaría en gran medida la figura del “niño tirano” que impone a todos y a todas horas sus propias reglas para sentirse bien.

No podemos perder de vista que el juego, aunque es una actividad libre y evasora, está limitado por el espacio y el tiempo, tiene posibilidad de repetición y sigue unas reglas de organización y participación, en este sentido es creador de orden.

Siguiendo estas pautas, la lectura deberá ser libre y liberadora, porque por medio de ella se ponen palabras a la propia realidad. Como el juego, estará también limitada en el espacio y en el tiempo; cuando guste un libro, una escena, un párrafo, se podrá hacer una relectura; éste es uno de los placeres que debe aprender a sentir un lector.

En el juego de leer hay que descubrir poco a poco sus reglas, como estar en silencio o con una música suave de fondo, estar sentado de forma cómoda, elegir el libro adecuado al momento psicológico y a la edad, en definitiva, enfrentarse a determinados aspectos que parece que cada vez se alejan más de nuestra vida, como son los momentos de silencio y soledad que se necesitan para reflexionar. Leer servirá indudablemente “para cargar pilas” y volver con más fuerza a la cada vez más estresante realidad. Este remanso de paz se convertirá en uno de los aspectos más gratificantes del hecho lector.



ETAPAS LECTORAS

Antes de llegar al hecho lector propiamente dicho hay un periodo de sensibilización de 0 a 2 años, y otro de aprendizaje, de 3 a 6 años que son claves en el proceso de la lectura.

Para el periodo de 0 a 2 años, la denominada Lectura regazo es un buen comienzo. Se trata de coger al niño en brazos y contarle o leerle un cuento. Este momento será siempre para él mágico y gratificante y proporcionará un estímulo afectivo y lingüístico irremplazable.

Durante el denominado periodo de aprendizaje, de 3 a 6 años la habilidad básica a desarrollar será la expresión oral.

Hay que tener en cuenta que el aprendizaje lector supone una transformación del código lingüístico oral que conoce el niño, en código simbólico. Su asimilación está condicionada por el bagaje léxico adquirido en el hogar. Cada individuo sigue un proceso muy personal, por eso se evitarán comparaciones con hermanos o amigos y se tendrá especial paciencia y comprensión, ya que para algunos niños aprender a leer y escribir, es un proceso lento y a veces doloroso.

Cuando ya leen, entre los 6 y los 7 años, su curiosidad aumenta sin parar y juegan a descubrir todo lo que hay escrito en el entorno, relacionando el texto con la imagen a gran velocidad.

Entre las 8 y los 12 años se lleva a cabo la consolidación en el uso del lenguaje, potenciada fundamentalmente por el entorno en que se mueven. El niño es ya un ser autónomo, que asimila todo con rapidez. En estos años surge la capacidad de reflexión y de descripción del mundo a través de la lectura. Es una etapa que hay que aprovechar, porque les encanta ir a la biblioteca del colegio y a las librerías para elegir lo que quieren leer. Se empiezan a perfilar sus gustos, inclinándose por libros con protagonistas de su edad.

En la pre-adolescencia, a los 13 años, comienzan los problemas con la lectura, entre otras cosas porque en la mayoría de los casos se convierte en una obligación escolar. En el aula se obliga a leer y a hacer exámenes sobre lo leído, de ahí que deje de ser algo gratificante y comience a convertirse para muchos adolescentes en una pesadilla. Es un momento de gran responsabilidad para los adultos, que no ceden y que no quieren buscar modos menos convencionales de evaluar. Hay que destacar sin embargo, que cuando se ponen en sus manos libros que son de su interés y se propone la lectura como actividad libre, que no se va a evaluar negativamente, sino que se va a emplear, por ejemplo, para hacer un debate, una recreación literaria, una dramatización o cualquier otra actividad de tipo creativo, aceptan la propuesta y elaboran trabajos con verdadera originalidad.

Entre los 13 y los 16 años se inclinan por libros de acción, aventura, intriga, fantasía y terror. Se interesan especialmente por temas realistas que plantean problemas que les causan conflicto y lucha interior, como el amor, la relación con los adultos, la independencia, en definitiva, buscan temas que guarden relación con la consolidación de su propia personalidad. Buscan las palabras que no encuentran para explicar el mundo y explicarse a sí mismos.

A partir de este momento estarán preparados para hacer todo tipo de lecturas. A lo largo de los años de aprendizaje habrán descubierto sus preferencias, a partir del desarrollo del espíritu crítico que es inherente a todo lector.



LECTURAS PARA TODOS LOS GUSTOS

La literatura infantil y juvenil está consolidada hace muchos años como género específico. Es curioso que todavía haya quienes se pregunten si hace lectores. La cuestión está en la selección que se haga para cada posible lector o grupo de lectores, sabiendo que leer es un acto personal. Una de las posibilidades para los grupos de cualquier edad es leer en voz alta. En general les gusta seguir una historia común y protagonizarla leyéndola para los demás. En este caso es importante que el profesor tome parte activa en la lectura y no se convierta en un observador-evaluador.

El panorama editorial infantil y juvenil está en alza. Se han creado en el 2006 nuevas editoriales específicas y otras, que normalmente no tenían línea infantil, la han abierto. Según los datos del informe sobre Hábitos de lectura y compra de libros 2006, de la Federación del Gremio de editores de España, patrocinado por el Ministerio de Cultura, entre los 30 libros más leídos y comprados de todos los géneros y para todas las edades, están: Harry Potter y el misterio del Príncipe, de J,K, Rowling y El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien, que ocupan los lugares 11 y 12 respectivamente. Y los cinco títulos de LIJ más leídos en 2006, son los siguientes:

1-Harry Potter y el misterio del príncipe de J.K. Rowling

2- El señor de los anillos de J.R.R: Tolkien

3-Crónicas de Narnia de C.S. Lewis

4-Memorias de Idhún de Laura Gallego

5- La isla del tesoro, de R.L. Stevenson

No hay ninguna de duda sobre las preferencias; está claro que los jóvenes lectores prefieren la literatura fantástica, que atraviesa por un momento de esplendor, sobre todo la anglosajona que es la de mayor tradición. Es interesante a su vez observar que La isla del tesoro sigue ocupando un lugar importante en la lectura de los jóvenes. Es impensable llegar a la madurez lectora sin haber saboreado este clásico de las novelas de aventuras, de Stevenson.

En los dos últimos años cabe destacar el interés de las editoriales por hacer adaptaciones de los clásicos de la literatura española y de la literatura universal, al hilo de los Centenarios conmemorativos, aunque no todas las ediciones tienen el mismo valor literario y de formato e ilustración.

Como la producción editorial es muy elevada, ya que de los 70.000 títulos editados en 2005, el 16’9% son de LIJ, creciendo esta producción casi el doble que el resto de la producción editorial, la selección que hagan los adultos es clave para poner en manos de los más jóvenes, los libros que realmente merecen la pena, que son los que van a crear lectores. Siempre teniendo en cuenta sus preferencias y no rechazando de antemano lo que ellos propongan. Para quien se lleva las manos a la cabeza porque los niños leen a Harry Potter, hay recordar solamente, que muchos de los lectores adultos de hoy, se hicieron lectores con Enid Blyton y sus historias de misterio.

Hay que ser capaces de dejar márgenes de libertad para que puedan dar los pasos oportunos que les conviertan en buenos lectores. Hay libros para todos los gustos, novedades y clásicos, en todo tipo de formato, desplegables, álbumes ilustrados y libros de conocimiento y de Arte.

La literatura infantil y juvenil es un mundo apasionante que merece la pena explorar.

(Artículo publicado en la Revista Crítica en Mayo de 2007)