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martes, 31 de marzo de 2015

El trastero

No hay nada como subir o bajar a un trastero, para encontrar cosas inesperadas.

Hoy he bajado a por una maleta y he subido con nueve libros. De repente mi vista a caído sobre una de mis novelas favoritas

La editorial Juventud, en los años 60, -esta novela data de 1965-, llenó nuestra vida con esta inolvidable pandilla. Esta la leí varias veces, eso lo recuerdo bien, lo que no recuerdo exactamente es la razón por la que esta aventura me gustaba más que otras. La traducción es de Mª Victoria Oliva y las ilustraciones de José Correas. Desde entonces soy aficionada a las novelas policiacas, ahora me gustan mucho Donna Leon, Anne Perry y Andrea Camilleri. El efecto que producían en mí Los Cinco, lo producen el inspector Brunetti, el inspector Montalbano y el inspector Pitt; auténtico entretenimiento y fascinación. 

En literatura infantil, a nivel de especialistas, quiero decir, Enid Blyton no está bien considerada, porque se dice de ella, al igual que de J.K. Rowling, que es una escritora fácil. Creo que ambas son estupendas por la sencilla razón de que hicieron lectores y ese debe ser, creo, el objetivo del escritor. Luego, los lectores evolucionan y leen otras cosas,  Literatura con mayúsculas, pero es imposible adentrarse en ella sin haber pasado por esta.

A renglón seguido y habiéndome olvidado completamente de la maleta, otra sorpresa, Rin-Tin-Tín


En este caso, la Editorial Bruguera, con su popular Colección Historias, llenó los años 60 de aventuras. ¿Quién no ha soñado con Rin-Tin-Tín y desde luego, con tener un perro igual? Además existía la serie de TV, que puede equipararse en popularidad a la de Rex. Había otros libros de este extraordinario pastor alemán en el trastero, pero sólo he subido este porque El asalto al rancho me lo leí igualmente repetidas veces. Me doy cuenta que de pequeña hacía lo que ahora no hago, repetir lecturas. Bueno, ahora repito las que hace mucho que no leo, bien porque me gusten o por necesidad del trabajo, más bien por la segunda razón. Este libro es la 2ª edición, de 1964. 

Otra aventura en el Imperio Romano

Igualmente querida y recordada esta otra novela decimonónica, puesta en nuestras manos por Bruguera en 1967. Esta es la 2ª edición, de 1968, con traducción de José A. Vidal e ilustraciones de Luis Casamitjana. La de la cubierta es de Vicente Roso. Hay que destacar de esta colección que nos acercó a la literatura del XIX, a las aventuras que después, o al tiempo, contemplábamos embelesados en el cine y a veces en televisión. Íbamos de una época a otra, de un continente a otro, soñábamos con los lugares, con los personajes, participábamos en sus vidas. El papel de esta colección no puede ser peor, pero no importaba nada, áspero y sin brillo, ahora amarillento, pero ¡cuántos ratos dejando volar la imaginación!

Los lectores del blog se preguntarán que cuántas novelas favoritas tengo y me doy cuenta que muchas, porque hay lecturas para todas las edades, para todos los momentos del día y de la vida. Los libros son como la música, se coge el que se necesita. Ahora estoy leyendo cuatro, cada uno en su momento.

Y cuando iba a coger por fin la maleta, ¡otro recuerdo! este ya adolescente


Con este libro me sumergí a los 15 años en un mundo que desconocía, el de las minas. Las novelas de Martín Vigil, se pusieron de moda a finales de los 60 y en los 70, por su fuerte contenido social. Eran novelas escritas para los jóvenes, para que conociéramos la realidad social de España, muchos aspectos que ignorábamos; pasaron a formar parte de nuestro imaginario y despertaron un deseo e inquietud por cambiar las cosas y por trabajar por la igualdad. En la adolescencia se despiertan especialmente sentimientos de solidaridad. Estos libros consiguieron despertar muchas  inquietudes.  Eran considerados "sospechosos y revolucionarios", pero ahí estaban y pasaban de mano en mano a escondidas casi, en 5º y 6º de bachillerato. La mejor propaganda para un libro es el boca a boca. "¿Lo has leído?" "En cuanto lo termines, pásamelo y yo te dejo, Un sexo llamado débil, que me lo han regalado en mi cumpleaños". La editorial Juventud de Barcelona, se hizo una vez más con los libros más leídos de la época.

Los he guardado en la maleta y me los he subido a casa. Ahora los colocaré en su sitio, con otros similares, no sé qué hacían ahí abajo.
Los otros cinco libros son más antiguos, ediciones de los 40, que tampoco sé qué hacen fuera de su sitio. Pero esos, que no despiertan recuerdos de infancia porque pertenecen a la generación anterior, los comentaré otro día. Están leídos también, pero ahora me quedo con este gratísimo recuerdo, Los Cinco, Rin-Tin-Tín, Pompeya, Martín Vigil.  Lecturas que hicieron lectores.

20 comentarios:

  1. Buenas tardes... Qué nostalgia he sentido de repente al leer "J.L. Martín Vigil" después de tantos años... Y envuelta en aroma de adolescencia, recordando lo mayor que me sentí, he rescatado entre mis recuerdos aquel libro único y especial de mi estantería, "la vida sale al encuentro". Creo que volveré a leerlo... Será interesante y nuevo, dos décadas más tarde! Gracias por este regalo... Y confiando única y románticamente en mi criterio de juventud, os recomiendo que lo leáis también!
    Un saludo...
    Tati

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  2. El comienzo de una gran aventura: “Los cinco se divierten”

    De pequeña, recuerdo que me gustaba que me contasen cuentos. Mi madre utilizaba el momento de la comida y nos repetía día tras día los mismos cuentos clásicos de toda la vida: La caperucita roja, El lobo y los 7 cabritillos, El pastorcillo mentiroso, Pinocho… seguramente versionados y en aspectos diferentes a los que otros niños les contaban sus mamás o papás.

    Recuerdo que en casa no había muchos cuentos o libros infantiles, de esos que hoy mis hijos tienen a montones, porque son quizá más fáciles de conseguir: más variedad, más económicos, más bibliotecas, más intercambios…

    A parte de los relatos que nos contaba mi madre, no recuerdo muchos más momentos de lectura, ni me sentí muy atraída por los libros.

    Pero un día, paseando por un centro comercial, mi madre me animó a comprar un libro. El primer libro que me enganchó y que me acercó a ese mundo mágico de la lectura. Ese libro fue “Los cinco se divierten”. Recuerdo que mi madre me decía que la colección parecía interesante, y yo me incliné por coger uno cuyo título me pareció sugerente.

    A este libro le siguieron muchos otros de Los Cinco y de Los Siete Secretos. Y a día de hoy, no descarto volver a retomar ambas colecciones.

    Así que “Los cinco se divierten” fue el comienzo de una bonita afición.

    Al finalizar la Primaria, recuerdo otro libro que me encantó y que recomiendo encarecidamente: “El príncipe de la niebla”. Recuerdo que me gustó tanto que se lo dejaba a todo el mundo para que disfrutaran de él. Hasta que un día me dí cuenta de que no estaba en casa, y no recordaba a quién se lo había prestado. Me dio mucha pena el haber perdido su rastro. Pero con el paso de los años, el mismo autor (sin yo saberlo) se volvió a cruzar entre mis lecturas con “La sombra del viento”. Disfruté tanto de la novela y del estilo del autor, que indagando por otras obras suyas, me di cuenta que “El príncipe de la niebla” estaba entre sus creaciones. Así que lo volví a comprar, y lo volví a leer y volví a disfrutar de su lectura como una niña.

    Saludos,

    Patricia

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  3. En casa, en mi familia, existen dos tipos de lectores: los grandes devoradores de libros y los que leen de vez en cuando (cuando algún libro les llama mucho la atención o cuando tienen por delante muchas horas y pocos planes). Pero, aún así, me ha resultado curioso recordar con la lectura de esta entrada como, por parte de los lectores “esporádicos” de mi familia, he escuchado en mi niñez y juventud comentar y recordar las aventuras de Los Cinco o Rin-Tin-Tin. Este hecho sugiere la importancia de éstos libros y personajes en la cultura y tradición popular de una generación. Y es que, como se menciona en la entrada del blog, Blyton y Rowling, a pesar de ser consideradas por parte del sector más convencional de ser escritoras de lectura fácil, tienen la gran tarea de crear al lector.

    Es una pena que mi generación ya no haya gozado de dichos clásicos. Hay una tendencia general en las sociedades de olvidar fácilmente “lo viejo”, el pasado y centrarnos sólo en lo presente, olvidando así parte de nuestra identidad y cultura -lo que es un gran error. Personalmente creo que conocer grandes libros del pasado (y no hablo de calidad literaria, sino más bien de función social y cultural), de la infancia de nuestras generaciones pasadas, nos nutriría en cultura popular y conocimiento, así como nos permitiría desarrollar un pensamiento crítico del presente (y del pasado).

    Así, pues, ¿Porqué no hacerlo? ¿Por qué no llevar a Los Cinco, a Rin-Tin-Tin o las novelas de aventuras y romanos a las aulas sin dejar de lado obras más actuales? Los beneficios de dicha combinación podrían resultar interesantes y muy positivos. Conocer el pasado, compararlo con el presente (no sólo cultural y socialmente, pero también a lo que literariamente se refiere) ¿Porqué no combinar, como se comenta en la entrada del blog, la lectura de Los Cinco con la lectura de Harry Potter o la lectura de Rin-Tin-Tin con el visionado de la serie Rex?

    Imagino a unos alumnos, quizá de sexto curso, descubriendo en los lugares más desconocidos de la escuela, unos pequeños tesoros, unos libros pertenecientes al pasado. Dichos alumnos se organizan en grupos y cada agrupo se sumerge en la lectura de uno de esos libros para luego comentarlo con los compañeros. ¿Y porqué no pedirles a nuestros alumnos que reescriban el libro como escritores del siglo XXI que son? ¿Qué cambios realizarían? ¿Porqué? Seguramente sería una manera amigable de trabajar con los clásicos de sus padres, conocer sobre su infancia y acercarlos más a sus raíces (por no mencionar las conversaciones que podrían surgir alrededor de una mesa o de camino al colegio).

    Saludos,

    Maria

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  4. colecciones que invitaban a la lectura, historias llenas de aventuras divertidas, entretenidas y con acción.
    Me parecen muy buenas, y con un protagonista “real”; un niño con su mascota buscando aventuras y resolviendo incógnitas.
    Lecturas sencillas, con gancho y que fácilmente enganchaban al lector, y que un tiempo después de leerlas, volvías a repetir.
    Era como las novelas o alguna serie de televisión, dónde a la hora del recreo, las comentabas con los compañeros/as.
    Saludos, Noemí.

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  5. ¡ Buenas tardes a todas/os!

    Me parece una fantástica iniciativa que un grupo de estudiantes de Magisterio participemos en este blog, ya que contribuye a nuestra reflexión académica y a descubrir nuevos recursos para mejorar nuestra práctica docente en el ámbito de animación a la lectura.
    Todo esto está relacionado con "Los cinco", la obra que he elegido para comentar, ya que su autora, Enid Blyton, fue una mujer adelantada a su tiempo que ya creaba clubs de lectores o hacía encuestas entre sus fans.

    Hace un par de semanas pasé por una tienda de segunda mano y en una caja ví varios ejemplares de esta colección por tan solo 2 euros; cogí uno y con tan solo olerlo,me transportó a mi infancia de tardes jugando y explorando con mi pandilla en la calle hasta que mi madre me llamaba por la ventana.
    Pero en casa no acababa el juego, pues me sumergía en las emocionantes aventuras de estos cuatro niños y su inseparable "amigo" Tim, sobre todo en las vacaciones escolares.

    Para los niños de mi generación ( 79), este tipo de libros suponían muchas horas de entretenimiento sin necesidad de una superproducción cinematográfica detrás, como sucede actualmente.

    Personalmente,encuentro muchos valores positivos en estas historias.
    Digo esto porque en los últimos años ha habido una reedición en la que se han cambiado fragmentos , basándose en ciertos estereotipos sociales de corte sexista propios de la época original ( años 40) , lo cual creó la polémica:

    ¿Debemos respetar la autenticidad de las obras, trabajando en clase estos aspectos en el aula en forma de debate?

    O por otro lado,¿ debemos adaptar los textos a los valores morales actuales?

    Ahí dejo la reflexión.

    Un saludo, Bea P.

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  6. En mi caso bajar al trastero supone casi una lucha desesperada por encontrar aquello que he bajado a buscar, básicamente por el espacio limitado y la cantidad de cosas que se quieren guardar. Entre ellas también libros, aunque esos libros que tanto han significado se encuentran repartidos entre la casa de mis padres, la casa del pueblo, los que se ha quedado mi hermano y, como no, los del trastero. Sin embargo, aunque me encuentro con ellos de forma accidental mientras busco cualquier otra cosa, recuerdo muy bien los libros de los cinco y comparto la opinión de que aunque no sean grandes obras de literatura a mí me ayudaron a aficionarme a la lectura y a descubrir al cabo de los años muchas otras páginas y autores que me han ido acompañando.

    Cuando empiezo un libro, siempre que no sea por necesidad profesional, no me interesa personalmente juzgar la calidad del texto, eso pasa a un segundo lugar tras lo que esas páginas me dicen, lo que esa historia me hace sentir y vivir. Eso es lo que me motiva a pasar la siguiente página, descubrir qué sucede a los protagonistas, alcanzar el siguiente capítulo y hasta en ocasiones desear que no se acabe pronto aunque no pueda dejar de leer. Es cierto que eso no determinará si es una buena o mala novela, si tendrá que estudiarse en el colegio o no, pero es lo que asegurará un sitio privilegiado en mi librería.

    Si no fuera por Enid Blyton, si no fuera por la colección Barco de Vapor y sus diferentes colores, si no fuera por otras colecciones de libros infantes y juveniles puede que no hubiera dado el paso a leer otro tipo de libros, pero eso no significa que haya abandonado el gusto por las escritoras o escritores “fáciles” ni por las novelas juveniles. Igual que sirven para enganchar nuevos lectores también pueden seguir contagiando tanta o más afición a los que ya somos veteranos.

    Saludos,
    Lidia Riveiro

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  7. Realizando el periodo práctico de formación para ser maestro, un niño comentó cuánto le había gustado el libro "Los cinco en peligro". Me resultó muy placentero escuchar cómo esa misma historia que a mí consiguió engancharme a la lectura,seguía haciéndolo hoy. Y es que la mejor forma de conseguir que un niño se aficione a la lectura es proporcionarle libros de calidad, entretenidos, con un buen argumento y bien escritos.

    Los libros son transmisores de conocimiento, mejoran aptitudes, entretienen y enriquecen intelectualmente a las personas; pero su mayor valía reside en los valores que a través de que ellos se pueden transmitir. Al fin y al cabo, la educación consiste en formar personas (educación integral) y una de las mejores vías para conseguir dicho fin son los libros.

    Un saludo,

    Arturo de la Rosa Cuadrado

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  8. Yolanda alumno Unir2 de mayo de 2015, 6:38

    Qué bonitos recuerdos vienen a mi mente al ver la portada del libro “los cinco en el cerro de los contrabandista”…Y es que le debo a Enid Blyton muchas horas de inmenso placer, puesto que los libros de esta serie de los cinco fueron unos de mis favoritos en la infancia. Prácticamente en todas las casas de los años 70 y 80 ha habido algún libro de esta famosa escritora, y a pesar de que no eran las mejores narraciones consideradas por la crítica, las librerías se hartaban de vender estos libros que reeditaban una y otra vez.
    La saga de los cinco ha dejado en mí un poso de nostalgia, de amor por la naturaleza, de aventuras intrépidas, misterios y meriendas campestres entre amigos. Los personajes de estas historias fueron mis amigos durante mucho tiempo y me leí todas y cada una de sus aventuras, incluso alguna en más de una ocasión. A pesar de esto, la crítica ha reprochado a esta famosa escritora su falta de imaginación, al repetir constantemente la estructura, su escasez de vocabulario e incluso matices de machismo y racismo. A día de hoy creo que en la veracidad de esas palabras, pero hay que tener siempre presente el momento histórico-social en el que sus libros fueron publicados.
    Obviamente la sociedad ha evolucionado mucho y la mentalidad de la sociedad ha cambiado, mostrándose en estos libros costumbres desfasadas y un vocabulario anticuado que puede generas preguntas entre sus lectores más principiantes pero aun así los seguiría recomendando a los más pequeños.
    En líneas generales, y a pesar de los fallos observados, en mi opinión son novelas adorables que pueden despertar ese amor por la lectura que en mí generó.

    Un saludo

    Yolanda Murillo

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  9. Al ver las novelas de “Los cinco” me acuerdo de mi infancia, cuando llegaron a mi poder algunas de estos libros.

    Yo no era una gran lectora pero recuerdo que los libros de Enid Blyton los devoraba con entusiasmo. Sentarme a leer las aventuras de los cinco me hacía soñar. Me imaginaba descubriendo misterios con mis amigos, envueltos en ese ambiente de libertad que se respira durante los días de verano en un pequeño pueblo.

    Siempre me gustaron los libros de aventuras e intrigas. Por eso, después de “Los cinco,” seguí leyendo novelas de Agatha Christie, el Inspector Poirot, Perry Mason o Pepe Carvalho.

    Enid Blyton escribió más de 700 obras de las que se vendieron más de 100 millones de ejemplares. No tenía buena fama entre la crítica ya que era acusada de utilizar siempre los mismos recursos. Cuentan que fue una escritora de carácter complejo y poco amigable.

    Adelantada a su época, fue una mujer con una gran capacidad para crear éxitos literarios y mantener su fama creando un club de fans o haciendo una encuesta para ver qué nombre ponía a su casa.

    Pero, por encima de todo lo que se pueda decir de ella, lo cierto es que supo entretener a miles de niños y adentrarles en el maravilloso mundo de la lectura, del que ya no podrían salir.

    Cristina Moral
    Unir

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  10. Sin acudir físicamente al trastero me he trasladado a mi infancia, he reflexionado sobre los cambios generacionales. Leyendo esta entrada del blog y los comentarios que ha suscitado podemos comprobar cómo todo un conjunto de la población compartimos lecturas y recuerdos de nuestra infancia. ¿Quién no conoce alguna aventura de “los cinco”? Pero cuanto más joven es el lector sus recuerdos infantiles están más asociados a la tele o la radio, ya sean anuncios, dibujos, programas diversos, etc.
    Yo todavía soy de aquellas generaciones que en mi primera infancia solo había 2 canales de televisión, rápidamente se fueron ampliando y la oferta televisiva invadía nuestras casas y a la vez nuestro tiempo de lectura. La predisposición con la que se puede afrontar un visionado televisivo o un momento de lectura son completamente distintos, uno es pasividad, el otro actividad pura. Uno nos paraliza o incluso hipnotiza, el otro nos torna activos y creadores.
    Cuando era pequeño era un mal lector esto hacía sentirme incómodo ante un libro, iba lento, me encallaba, me desconcentraba, terminaba los párrafos sin entender lo que había leído, etc. Todo ello me convirtió en un potencial consumidor de tele. Por suerte mis padres sembraron una pequeña semilla leyéndonos cuentos a mí y a mi hermano mayor al pie de la cama.
    Ahora soy padre y desde el nacimiento de mi primera hija no he dejado de contarle historias y cuentos, ya sean leídos o inventados, pero siempre buscando que pueda ejercitar su imaginación en su pleno significado, crear imágenes a partir de una narración. Bien es cierto que los libros para los más chiquitines traen ilustraciones y por ello es tan importante tenerlas en cuenta a la hora de escoger un libro, pues marcan un referente para su posterior creación mental.
    Con todo ello invito a padres y madres a tomar consciencia de la responsabilidad que acarreamos para el desarrollo y educación de nuestros hijos, invitémosles a conocer el maravilloso mundo de la literatura y quizás la mejor manera es con el ejemplo. Debemos ser contemporáneos y adaptarnos a los medios de comunicación pero no deberíamos permitir que estos nos invadan ni acaben paralizando nuestro pensar.

    Un saludo,
    Ignasi Melé (UNIR)

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  11. Hola a todos,

    No podría estar más de acuerdo con las sensaciones que se describen en el post y en los posteriores comentarios.
    Sinceramente me ha entrado el gusanillo y en cuanto pueda subiré al trastero porque en alguna caja por ahí perdida tienen que estar esos grandes compañeros de la infancia.
    Como vimos en una actividad de clase los beneficios de la lectura para nuestros alumnos son innumerables, y ahora en la era de las telecomunicaciones sería una pena que se perdiese.
    Se me antoja complicado competir hoy en día con la enorme variedad de ocio que tienen los niños, pero pienso que como docentes y como padres debemos contribuir para estimular la lectura de literatura a estas edades.
    En mi época los ratos de lectura eran una cita obligada por las noches, ya podría ser media, una hora o lo que fuese, pero era inexcusable.

    Creo que sigue habiendo tiempo para todo, probablemente en los 80 nos pasábamos todo el tiempo jugando en la calle y no delante de una videoconsola,etc pero no podemos rechazar la posibilidad de estimular la literatura como actividad lúdica y de ocio y que tendrá gran importancia en la formación integral de estos pequeños lectores.

    Un saludo.

    Ignacio T.(Unir)

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  12. Tú post de El trastero me ha traído excelentes recuerdos y me ha hecho reflexionar sobre la importancia de la literatura infantil y juvenil para formar lectores adultos.
    Comienzo por la genial Enid Blyton, que a mí me enganchó no solo con los Cinco sino también con Los Siete Secretos y de la que mis hermanas leyeron toda las serie de Santa Clara y de Torres de Malory. Junto a ella, en mi caso, estuvieron también Los Hollister y Alfred Hichcock y los tres investigadores. Fueron libros que hacen lectores, como bien dices.
    Por eso me parece tan injusto que la literatura infantil no reciba toda la consideración que merece. A diferencia de un adulto, un niño jamás leerá por obligación, moda o pedantería. Si un libro funciona y hace que el niño se lo lea hasta el final es que tiene calidad y el autor merece, no solo todo el respeto sino la más alta consideración por todos los estamentos literarios. No hay críticos más imparciales que los niños.
    También habría que hacer un homenaje a aquellas editoriales que apostaron por buena literatura infantil y juvenil como la mencionada Bruguera con su Colección Historias Selección, que nos facilitó con sus adaptaciones llenas de ilustraciones el acceso a clásicos de la literatura como La Isla del Tesoro, Sandokan, Robinson Crusoe, los clásicos de Julio Verne, etc. que, no solo pudimos ver luego en el cine, como comentas, sino que, años después, más mayores, pudimos volver a disfrutar en su versión original.
    En mi caso, añadiría también a los comics de Asterix, Tintín y Lucky Luke, que tienen también buena culpa de haber sellado a fuego en mi alma que abrir un libro es dejarse atrapar por un universo de posibilidades lúdicas inabarcables.
    Un saludo muy cordial
    Diego Alonso Rotaeche, Guecho, Vizcaya

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  13. Hola a todos:
    Una sonrisa se ha dibujado en mi cara cuando lo primero que he visto ha sido las portadas de los libros de “Los Cinco” y de “Rin-tin-tin”.
    ¿Quién no ha bajado al trastero o subido al desván de casa en busca de cualquier menudencia y se ha pasado allí un par de horas? Desde luego a mí me ha ocurrido, y no una ni dos veces. El primer lugar en el que se detienen mis ojos es en la balda de los libros y sonrío. ¡vaya si sonrío! Incluso, si no voy apurado de tiempo, bajo alguna caja de la estantería y echo un vistazo a los viejos amigos de la infancia.
    Colecciones como la de “Los Cinco”, “Los Hollister” u otras parecidas tenían muchos seguidores entre los amigos del barrio y de la escuela y ya que no podíamos comprarlos todos recurríamos al trueque para poder leer todas sus aventuras. Este tipo de literatura juvenil, que perseguía el ocio y el entretenimiento de los lectores, ha hecho leer a miles y miles de niños que con el paso del tiempo se han quedado enganchados de la lectura. Esa, en todo caso, es una aportación que ni los más acérrimos detractores del género pueden negar.
    La evolución de las líneas editoriales arrinconó, hace mucho, a estos autores para dar paso a savia nueva, de tal forma que a día de hoy es difícil conseguir algún ejemplar. Sin embargo, creo que la temática de aventuras nunca pasa de moda y que, desde luego, es un buen ejercicio facilitárselo a los jóvenes para que conozcan los clásicos de hace 40 años e introducirlo en las escuelas como referente de la literatura juvenil que se hacía en esa época para ver la evolución hasta la actualidad.

    Un saludo
    J. Antonio Herrero (UNIR)

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  14. Es curioso ver cómo la imagen de un libro que leímos de niños nos lleva hasta esa época. Cuando yo era niño no tenía muchos libros, pero los que tenía los leía una y otra vez. Varios de Elige tu propia aventura, que para los que no teníamos muchos libros eran fantásticos ya que podías cambiar de libro cada vez que lo leías, algunos de El Barco de Vapor y entre ellos tenía unos cuantos de Los Cinco que me encantaban.
    Recuerdo que de niño me gustaba leer mucho pero los libros que mandaban en el colegio no me gustaban demasiado, igual porque no eran los libros más adecuados para esa edad. Por eso, creo que este blog nos enseña y nos sirve de herramienta para que los niños y los no tan niños, se diviertan y se motiven con la lectura de libros adecuados a su edad.

    Gracias

    José Ruipérez

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  15. Julia Otero Otero ( UNIR).

    Buenas Días!!

    He elegido el libro de RIN-Tin_Tin, aunque el de los Cinco también me atraía, por que me trae más recuerdos entrañables. Recuerdo que mi hermano, cinco años mayor que yo, que era un loco de Rin_Tin-Tin. Sus historias estaban en casa por todas partes, y mis hermanas mayores diciéndole constantemente que los dejara en la estantería, y yo crecí acostumbrada a ver esas portadas, por que de vez en cuando, me tocaba colocar alguno en su sitio. Por eso cuando vi esta que has colgado recordé esas imágenes y el olor del papel y aquellos momentos familiares, que yo, siendo la más pequeña, me doy cuenta de que me encantaban y los hecho de menos. Con los años, de vez en cuando iba cogiendo de su estantería algunos de aquellos libros que fui leyendo en las tardes de invierno lluviosas, después de hacer los deberes. La imagen del perro y el pañuelo amarillo son una imagen, que aunque hace muchos años que no veía, es como si estuviese congelada en el recuerdo. La historia atraía por que era un perro muy listo que semejaba a una persona y resolvía junto con el chico los misterios que se les presentaban. Ese es mi recuerdo.
    Si analiza hoy en día ese tipo de lecturas, puedo darme cuenta cuenta de varias cosas. Por un lado ,l os valores que transmitían, de amistad y solidaridad, en ese momento, eran muy importantes, ya que no teníamos el bombardeo constante de publicidad, la tecnología, como hoy en día que nos conduce al consumismo, a estereotipos físicos, al individualismo… si no se controlan , y entre los pocos recursos que teníamos se encontraba los los libros, cuentos, novelas, comics, y poco más, bueno y la imaginación, que era nuestra fuente de inspiración de niños, en mi caso, claro. Después, yo, más con la colección de los cinco, por que fue posterior, y ya me cogió a mi un poco más crecidita, y son los que permanecen algunos de ellos en las estanterías de mis hijos, hoy. Nos los prestábamos unos a otros, y en el cumpleaños o reyes, siempre caía un clásico de estos. Es cierto, que algunos siguen guardados en el desván, pero que hay que rescatar, por que, si pueden ser un recurso didáctico muy valioso y atractivo, que podemos introducir en la actualidad en nuestro que hacer educativo, para trabajar valores, literatura, actividades dirigidas por el profesor/ora, que sin duda podrían ser motivadoras para nuestros alumnos, ya que la huella que han dejado estas lecturas es lo suficientemente intensa como para motivarnos a nosotros los docentes para introducirlas en esos momentos del aprendizaje que requieren algo diferente, un cambio en la rutina diaria, que además de ayudarnos en nuestro trabajo, nos devuelven a un tiempo feliz.

    Un saludo

    Julia Otero

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  16. Hola Ana María.
    Yo también he vivido la misma situación que tú al bajar a un desván y encontrar joyas perdidas.
    No recuerdo que libros encontré porque hace ya mucho tiempo de eso. Solo destacó uno que aún conservo, el único, Tintín y los cigarros del Faraón (8ª edición de 1983). Desde entonces, me hice fan incondicional de Tintín; recuerdo que los otros dos que leí siguientes a ese fueron "Tintín y el cetro de Ottokar" y "Tintín y la isla negra".
    En general esos libros antiguos son muy geniales.

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  17. He tenido fijación por la publicación “El trastero” porque hace un par de tardes me ocurrió lo mismo.
    Estaba buscando en el garaje ya no me acuerdo qué y encontré una caja que llevaba consigo un papel pegado con cinta, que ponía: “libros alex”. Obviamente no coincido con los libros de los que habla en el artículo ya que pertenecen a otra época anterior a la mía pero sí que encontré otras “reliquias”. Las llamo “reliquias” porque para mí lo son. No son “reliquias” en el sentido literal de la palabra ya que no tienen un valor histórico importante, pero si un valor sentimental incomparable. Son libros que me marcaron de niño y que a lo largo de los años he leído una y otra vez porque en su día me encantaron. Es verdad que a lo largo de los años y tras muchas lecturas, no son lo “buenos” que eran en su momento, pero bueno, supongo que será porque he madurado. Voy a remarcar solamente dos porque son los dos que más recuerdos tengo, incluso hoy en día, aún me provocan alguna que otra mueca. Estos libros son “Sin noticias de Gurb” de Eduardo Mendoza y “Las brujas” de Roald Dahl. No me voy a detener a analizar los dos libros ya que el contenido de este trabajo no consiste en eso. Ahora sí, en cuanto al primer libro, no recuerdo libro más gracioso que ese. En cuanto al segundo, lo leí en inglés, al igual que todos los libros de Roald Dahl, ya que estudié en un colegio británico.
    En fin, es bonito encontrarte con objetos que te hicieron pasar buenos ratos. Al final no encontré lo que buscaba pero encontré otra cosa seguramente más útil.

    Alejandro Hernansáiz Álvarez

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  18. ¡Me ha encantado leer esta entrada! Me acuerdo perfectamente que de pequeña no me gustaba nada leer (absolutamente al contrario que ahora) y mi madre me regalaba, cada vez que leía un libro, uno nuevo de "los cinco", que alegría me ha dado volver a recordarlo, de hecho creo que ¡voy a bajar al trastero para recuperarlos! Qué bonito es bajar ahí abajo y sentarte entre libros con polvo a recuperar recuerdos y sonreir sin parar.. ¿te acuerdas de..?
    ¿y cuando..? Gracias por devolverme estos momentos simplemente al leer tu entrada, ha sido un placer.

    Vanesa Álvarez Murias (UNIR)

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  19. Me ha gustado mucho el artículo El Trastero. Me he visto a mi hace ya unos cuantos años cotilleando en el sótano de la casa de mis abuelos.
    Mi abuelo era barbero de profesión y justo en el pasillo que unía la barbería con su casa había unas escaleras que bajaban al sótano y, en el suelo, una rejilla. Resulta que por allí tiraban todas las bolas de pelo de la barbería y se acumulaban en un cubo. Pero a mi me parecía un agujero siniestro que procuraba saltar sin pisar para entrar en casa.
    Mi abuelo solía decirme que así daban de comer a los cocodrilos del sótano, cosa que aún me asustaba más y el se aseguraba que no bajaría por esas escaleras empinadas y peligrosas que daban al sótano.
    Al final resulta que en el sótano sólo había material de pesca, unos juegos del Exin Castillos, unos montones de cientos de crucigramas de periódico recortados, infinidad de Tebeos y libros de mi padre y mis tíos. Un montón de libros. De cocodrilos ni uno.

    Entre esos libros recuerdo que había algunos ejemplares la Colección Historias, que comentas en el post. Había muchos libros de vaqueros, de romanos y de vikingos.
    Sobre todo recuerdo los libros de Las Aventuras de la Mano Negra. Mes fascinaba esa pandilla. Fueron algunos de mis primeros libros de aventuras y misterio.

    Mi madre aún guarda toda su colección de libros de Agatha Christie en la que antes fue mi habitación. Y en mis viejas estantería ha colocado toda su colección de Los Cinco. De esas novelas salió mi nombre y mi madre las guarda como oro en paño.

    Alguien decía en algún comentario que no son “reliquias” en el sentido exacto de la palabra ya que no tiene valor alguno… pero para muchos niños exploradores son auténticos tesoros.
    Los libros viejos me hacen un nudito en el estómago y me pican como si hubiera la posibilidad de encontrar enigmas y mensajes secretos en ellos. Quizás por eso la novela de Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento me enganchó hasta la última palabra.
    Si pudiéramos vivir alguna aventura así… ¿Verdad?


    Georgina Gonzáez
    UNIR

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  20. He de decir que me ha encantado esta entrada porque muestra la esencia de bajar a un lugar como puede ser un trastero en el que poder encontrar cosas olvidadas y las cuales te han dado muy buenos momentos como pueden ser unos buenos libros de aventuras para niños. Algunos libros mencionados en esta entrada son muy familiares para mi pues traen innumerables recuerdos como pueden ser la “El club de los cinco” de Enyd Bluton, los cuales los conocí por mi hermana que tenía toda la colección o “Re-tin-tin” que los conocí porque los leían mis tías.
    Creo que usarlos en una clase de primaria sería muy buena idea pues son libros que despierta el espíritu de aventura y amistad que ayudan a los niños a desarrollar y crear sus propios mundos paralelos de imaginación y fantasía. Además es bueno rescatar un poco el espíritu del papel que parece que ya está cayendo en desuso.

    Sin más, aprovecho la oportunidad para dar la enhorabuena por este magnífico blog.

    Jaime Morente (UNIR)

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