Lectura y fantasíaLa fantasía abre puertas que permiten salir a explorar otros mundos para entender mejor lo cotidiano. Hay quienes sólo la ven como pura evasión,lícita por cierto, pero quedarse únicamente ahí es superficial.
Hablar de fantasía es entrar en el mundo que puede dar la llave de comprensión del mundo real.
Si buscamos el significado de la palabra en el diccionario María Moliner, éste nos remite a la etimología: Lat.
phantasia derivado del griego
phantazo, brillar y como primera acepción imaginación creadora, o sea, facultad de la mente para representarse cosas inexistentes; particularmente para inventar seres y sucesos y crear obras literarias y de arte.
Si tomamos la palabra inventar ya estamos de pleno en el mundo del niño que constantemente inventa, crea juegos, aventuras e historias, para dar razón de lo que vive o de lo que sucede a su alrededor. En el niño la imaginación se desborda tempranamente, siendo la razón del adulto la que circunscribe y juzga sus creaciones, pareciéndonos con frecuencia inverosímiles porque no responden a la realidad, pero ¿a qué realidad?
La ficción está emparentada con el juego, responde a una necesidad profunda del niño, la de no contentarse con su propia vida, la de ir más allá. En la imaginación del niño el sueño se mezcla con la realidad de forma natural y juega con las palabras cargándolas de vida y de nuevos significados. Los cuentos desarrollan en él la necesidad de lo insólito y el libro se convierte en una especie de segunda vida, como los sueños, pero duraderos porque se leen y se repiten y así “me represento y me creo” despertando un mundo interior en el que lo imaginario será el motor de lo real, obligándolo a progresar.
Según Jacqueline Held en su obra
Los niños y la literatura fantástica, lo fantástico nace de la elección gratuita de alguien, el autor en el caso de un libro; es por esencia lo subjetivo, lo que le es propio, particular a esa persona, en ese momento, entonces ¿cómo se comunica?, ¿cómo se comunica la fantasía de una persona con la de todos? Tanto el adulto como el niño, tendrán una profunda necesidad de lo fantástico, ¿por qué?
Lo irreal de lo fantástico ¿es de verdad irreal?, lo fantástico ¿nos conmovería?, ¿encontraría lectores una obra fantástica si no reuniera las aspiraciones, las necesidades, las experiencias que llevamos en nosotros en diverso grado, oscuras y semiignoradas, pero sin embargo reales?
El relato fantástico reúne, materializa y traduce el mundo de los deseos: compartir la vida animal, hacerse invisible, cambiar de talla, volar, dominar a un ser más grande, o sea, cambiar el universo a voluntad. Traduce los sueños humanos. A menudo los sueños han sido retomados por la ciencia posibilitándolos y los relatos han tenido una base científica para construirse.
Lo fantástico no existe sino en relación a una realidad “no fantástica”; se acerca a una realidad psíquica, porque ¿existe lo real en estado bruto? La realidad ¿es como es, o como se percibe?
De lo que cada uno percibe, recorta su propio universo y así segrega su realidad; por eso parte de mi realidad puede convertirse para otros en fantasía. Por otro lado, mi sentido de lo fantástico es, curiosamente, real.
La esencia de lo fantástico reside en todo caso en un cierto clima en el que sueño y realidad se interpretan entre sí hasta el punto en que toda línea de demarcación desaparece. Esto lo vemos claramente en la obra ya clásica de Maurice Sendak,
Donde viven los monstruos.
Lo fantástico no está fijado de una vez para siempre, ni es intangible, sino que vive y se transforma al ritmo de los descubrimientos y preocupaciones del ser humano. Lo fantástico es pues, función tanto de los conocimientos como de la demanda de un cierto tipo de sociedad.
Es imposible definir lo fantástico de forma unívoca. El ensayista francés Bernard Epin dice en su estudio sobre la elección de libros para niños:
Todos los géneros son portadores de lo imaginario para quien sepa hacerlo surgir. Ahora bien, ¿existe lo fantástico puro? en tal caso representaría lo desconocido de tal modo que resultaría extraño por no tener ningún punto de contacto con la realidad.
Etapas lectoras y fantasíaDe 2 a 6 años Etapa animistapersonificación de los animales y de los elementos de la naturaleza.
Fantasía lúdica y auditiva que asume los recursos onomatopéyicos del lenguaje.
De 6 a 8 añosEtapa imaginativaFantasía lúdica y sugerente
Lenguaje afectivo y poético
Importancia de las ilustraciones
Identificación del lector con los personajes
De 9 a 12 años
Etapa fantástico-realistaAparecen los deseos y el miedo
Búsqueda de acción dinámica
Importancia del humor
Mezcla de realidad y fantasía
Obras fantásticas
1-Relatos maravillosos o cuentos de hadas: Son narraciones que suceden en un mundo donde el encantamiento y la magia son normales. Su lectura produce asombro.
El marco de referencia son
Las mil y una noches. Para niños pequeños hay innumerables adaptaciones de
Los tres cerditos, Caperucita, Hansel y Gretel, Blancanieves, La bella durmiente y la Cenicienta, por ejemplo.
En novela el ejemplo más sólido y elaborado de este tipo de relatos serían las novelas de Tolkien,
El Hobbit y
El señor de los anillos, las
Crónicas de Narnia de C.S. Lewis y
Harry Potter, de J.K. Rowling, por ejemplo.
El cuento de todas las épocas, y Tolkien
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lo subraya cuando habla de los cuentos de hadas, tiene como función responder a los deseos del hombre. Es la expresión y la prolongación del deseo humano de felicidad, busca en él la alegría de ser, de vivir, de luchar contra los obstáculos, de ganarse la vida. El ser humano, a fuerza de soñar porque está insatisfecho, inventa, crea y lucha por cambiar el mundo.
Paul Valéry decía que
Los mitos son el alma de nuestras acciones… No podemos actuar sino moviéndonos hacia un fantasma… Sueño como motor constante de lo real”… Ya Cervantes creó a Don Quijote, moviéndose en estos parámetros, no hay mejor exponente literario de la lucha por conquistar un ideal. Y Julio Verne escribe:
Todo lo que el hombre fue capaz de soñar, otros hombres podrán realizarlo algún día. ¿Era un visionario, tal y como se dice? Parece que no, sino que sus obras tienen una base científica real, por eso es posible que en el siglo XX se hagan realidad.
2- Relato fantástico: Presenta lo sobrenatural como ruptura de la coherencia universal. Su lectura produce sorpresa. El maestro de este tipo de relatos para lectores de 14 años en adelante, es Edgar Alan Poe cuya lectura produce miedo y angustia.
Los relatos fantásticos, pueden, bajo una apariencia de ligereza a veces, tocar los problemas más graves, hacer al niño atento y crítico, llevarlo a un cuestionamiento más lúdico y crítico de los dramas del mundo actual.
Los cuentos que los niños se han apropiado, escritos o no para ellos, no son los moralizantes, ni las historias edulcoradas, son cuentos que perfilan conflictos políticos, sociales, que hacen referencia a la sexualidad y a la realidad de las relaciones humanas,tantas veces trágica e incluso cruel.
3-Relato de ciencia-ficción: En estos relatos se reúnen elementos de los dos anteriores. Lo fantástico se produce por la ciencia y el miedo lo producen los adelantos científicos en sí. El maestro del género es H.G: Wells, con novelas como
La máquina del tiempo (1895) o
La guerra de los mundos (1898).
4-Relato nonsense: Son relatos incoherentes y disparatados que producen sorpresa. Su tono festivo y fantasioso lo aparta de la literatura del absurdo de adultos. El modelo de este tipo de obra es
Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll y en España,
Los batautos, de Consuelo Armijo, que marcaron un hito en la literatura infantil española.
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La cuestión es que lo fantástico no reproduce lo visible, sino que “hace visible”.
Lo imaginario auténtico no nos aleja de la realidad, sino que nos la restituye, ayudándonos a franquear el olvido.
Paul Éluard decía:
Me obstino en mezclar las ficciones con las realidades temibles para hacer estas realidades menos temibles, para dominarlas. Y en sus Escritos sobre teatro Bertolt Brecht habla del distanciamiento, “insiste” sobre la imperiosa necesidad de un extrañamiento que torne más aguda y eficaz toda posible interrogación crítica sobre lo real, su grado de existencia, su valor. Algunos pasajes deben desvincularse, alejarse del dominio de lo cotidiano, de lo familiar, de lo evidente”.
Según esto, ¿qué tememos de lo fantástico? ¿Qué el niño no llegue a ser un ser racional?
¿No ocurrirá por el contrario que el adulto que nunca haya fantaseado en su infancia, crea de mayor todo lo que le digan los horóscopos, tomando ese tipo de informaciones y otras similares al pie de la letra?
La mente infantil distingue perfectamente entre lo que es el relato en sí y lo que a él pertenece, y lo que es su propia existencia, a pesar de que los niños cuenten historias inventadas como si fueran algo real.
Al niño le gusta que le contemos cuentos y los reclama con insistencia, lo que no le gusta es que se le engañe sobre la realidad. ¿Por qué ocultarle la enfermedad o la muerte de un ser querido?
Este tipo de engaños son los que no admite y los que le traumatizan, no los cuentos.
La magia forma parte de su mundo y la necesita para enfrentarse a la realidad.En este sentido el psicólogo infantil Bruno Bettelheim se decanta totalmente a favor de los cuentos de hadas para estimular la imaginación infantil.
En cada ser humano, más aún en cada niño,
imaginación, sensibilidad e inteligencia son funciones que no se pueden disociar con facilidad. El crecimiento psicológico es global.
El niño, para desarrollarse de modo equilibrado y armonioso necesita del sueño, de lo imaginario. Todo el problema consiste en nutrirlo con el registro de lo imaginario sano, auténtico, de calidad real.
Lo fantástico incita al niño,
por distanciamiento, a interrogarse, a criticar e incluso a desmitificar.
Para acceder a la literatura fantástica, el niño ya tiene claves, porque desde muy temprana edad se plantea problemas relacionados con su propio deseo y existencia. A su modo se plantea cuestiones como esta:
“Si me hubieran preguntado si quería nacer no sé si hubiera querido nacer… seguro que quizás hubiera querido nacer, por lo menos para besar a mamá” (Lucas, 7 años)